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domingo, 27 de enero de 2013

Llegué.

Hoy vuelvo a escribir,

No se ni entiendo que vaivenes insólitos me alejan y acercan de los géneros artisticos. No logro controlar los tiempos que me distancian o consolidan con la pintura, la música  la literatura y hasta el drama. Sin embargo,  de algo estoy seguro, no puedo ni tengo intenciones de apagarme en ninguno de estos géneros  No dispongo ni me dispenso de los derechos necesarios como para ignorarlos, no me permito ni me encuentro dejándolos de lado, y tarde o temprano, encontraré mi armoniosa manera de consolidarlos en una sola actividad, que logre hacerme propio, orgulloso, y en casa.

Me avergüenza decir que como casi todo lo que he escrito ha sido olvidado por mi persona, los cinco o seis textos que ya escribí para este espacio están lejos de mi entendimiento. Probablemente sea hora de revisarlos. Ojalá me sintiera tan comodo con las pinturas o los sonidos que con estas palabras, que extraño que me resulta observar que la edad me vuelve oralmente mas arisco de palabras y mas voluntarioso de oido. Me pregunto como se distingue la linea que separa la prudencia y la sabiduria de la frustracion y la rendicion.

Espero mantenerme lo suficientemente atento y maleable como para disfrutar de lo que me rodea, pero temo muchisimo mas que llegue el dia donde pautar tantas treguas me deje vacío. Es necesario hacer de la vida un poco de guerra, es necesario no conformarse con lo que se nos extiende, es necesario prohibirse los antojos y las comodidades. La libertad termina donde la identidad comienza. ( ¿Podria ser cierto? )

No hubo mejor tiempo que ahora para poner a prueba los limites, no tengo ya ningun compromiso, estoy desnudo, muerto de hambre, y no me visten mas que mis prejuicios, mis esperanzas y mis compromisos.

No hay mas pruebas, el mundo que prepararon para nosotros ahora mismo esta atado por las patas y retorciendose en el suelo. Es hora de hacerle la vista gorda y empezar a hacer de lo que queda, un riesgo nuevo.

jueves, 28 de julio de 2011

Ambrosía [.]

Cual es el precio por la letania de golpear los hombros magullados e insistentes, contra la inmutabilidad. Rigida y burlona, sentada en su trono de tiempo, me retuerce una sonrisa picara y sardonica, mientras me deja saber sobre los miles antes de mi, y los millones que me seguiran. Mientras la practica incestuosa de empalagarse con la produccion ajena sigue parasitando mi perseguida conciencia, persiguiendola por la cocina con una escoba y tratando de correrla al estudio, un paraiso de experiencia al que de alguna manera u otra no logra entrar, entre un autosabotaje y la cruel realidad de una epoca ajena, frigidamente cruenta, material, fisica y superficial, en la que la suerte es ley, y las desiciones fuertes se vuelven una condena consecuente a darle un valor tal a las cosas que mientras la carne y la mente se vuelven capaces, los pasos y las voces se escuchan lejanas, demasiado relajadas, comodas en su sopor nauseabundo, remojandose en una serie de frases predefinidas que los mantienen en un ayer constante, una predica concentrada de inquilinos permanentes, obsesivos eremitas de la medida para mover las cosas para que siempre acaben en la misma posicion, con una idea poderosa, pero no demasiado aprovechada.

Donde todos nuestros sueños llegaran algun dia, donde no los tengamos que hacer llegar. Donde nacimos comodamente acomodados, y si bien pasamos el dia tragandonos peliculas de pasiones, honor y virtud, le devolvemos la cara de atorrante a la gente que nos rodea, picoteamos las esquirlas del cristal roto que fueron las vidas de nuestros allegados, y nos arropamos en un orden que nos vuelve avidos para escuchar y estupidos para hablar, brillantes observadores y pesimos analistas, deficientes en el debate, discusion o juicio y habilidosos inscriptos, fanaticos o seguidores. Donde compramos todas las profecias hollywoodenses y los combos de frases de powerpoint. ¿Eso nos hace el dia no? En este paquete de miedo, donde devolver una trompada es un riesgo mas que un derecho, abogar por lo que uno cree es exponerse demasiado, y discutirle a una autoridad es estar equivocado en un principio.

Pago caro, el dia en el que pise este terreno cenagoso sin haberme dado cuenta. Pago con soledad cada profundo paso hacia un faro que hoy todavia no encuentro. Nado en este pantano inhospito, mas alla de la tierra. Siento mi cuerpo presa de una corriente terca, yo soy esta corriente, y avanzo en contra del viento, que lanza los juncos sobre mi cara, mientras lentamente sigo en mi marcha. Muchas veces cierro los ojos, y pienso en todo aquello que ya no puedo volver a ver de la misma manera, en aquellos tiempos perdidos. ¿Es acaso que hubiera sido mejor haber hechado el ancla del otro lado de la orilla? Muy tarde ahora, la corriente pronto se acelerara del otro lado del horizonte, donde mucha menos tierra inunda este oceano, donde el destino ya no parecera un castigo al que arriesga, y pueda cosechar aquello que sin haberme dado cuenta, tuve el infortunio de sembrar tan lejos de casa.

viernes, 22 de julio de 2011

Horizontes, (IV)


Trece años habia guardado con desdén el mapa entre un par de tablas que me servian como una biblioteca improvisada, en la pequeña bohardilla que supe conocer como mi morada. Todos los dias le volvia a hechar un vistazo al volver de los muelles, el lugar en el que los pobladores me dejaron trabajar desde que me encontraron hace 5 años en la bahia. Dia tras dia cargaba las pesadas cajas de especias, materiales y alimentos desde los enormes almacenes hasta los buques que se disponian a atravesar el mar. Esta isla siempre fue la unica parada entre el continente y la frontera, el limite donde los mapas solo saben hasta el dia de hoy conjeturar y se vuelven suposiciones curvilineas y poco explicitas y las distancias y los rumbos son remotamente ajenos a toda confianza.

Es curioso, pues por mas peligroso que sea zarpar mas alla del este horizonte cartografico, muchisimos barcos emprenden viaje hacia este, hacia la tierra desconocida, donde las dudas son equivalentes tanto a peligros desconocidos como a tesoros incalculables. Nadie sabe que habra aun allí, del otro lado, donde nada deberia necesariamente como lo conocemos, y lo obvio y lo obtuso se vuelven nociones chistosas e inabarcables. He soñado usar el mapa cientos de veces, mientras lo sondaba analiticamente, escudriñandolo como a un enemigo, intentando ver que habia mas alla de sus trazos, de sus promesas. ¿Habría sido realmente el testimonio de uno de los pocos aventureros en haber regresado del otro lado del oceano? Y aunque asi lo fuese, ¿que habria logrado? ¿que clase de dicha o de muerte prometia aquel extraño jeroglifico tachado al costado el monte, debajo de la cascada, al final del pantano, tras los fines del bosque que se detenian al filo del acantilado que coronaba las olas de un mar que no conocia mensura, y bien podria estar perdido, en ese profundo espacio incalculable que trascendia la experiencia?

Y asi pase los meses, explorando mis ideas y suposiciones mientras me cargaba de mas y mas preguntas inutiles, hasta el inevitable dia donde pude escuchar aquel conversación en la bodega del mas rutinario barco mercante que jamas hubiera visto. Aquel pacto clandestino, que habria de llevarme del otro lado de la delgada linea que separaba mi estrecho y estatico mundo de agradecimiento laborioso y el oscuro y tentador desfiladero que era lo desconocido. Del otro lado ese signo aguardaba el prometido regreso, que este pedazo de papiro habia concebido hacia algun tiempo atrás, marcando la hora donde alguien habria de regresar, a terminar un inconcluso indeterminado.

martes, 19 de julio de 2011

Intrusión (III)

Aguzó el sentido, ojeo sin embargo a su alrededor, estaba solo en la bodega. Pasos crujian sobre el, la cubierta albergaba al menos a 30 marinos, y por suerte, estaba lo suficientemente elevada como para que su linea de vision no se cruzara con el humilde muelle que rozaba los ventanales. No tan lejos, un cello sonaba en uno que otro camarote, del lado contrario, el sonido de la cocina, hombres moviendo trastos de un lado para el otro, y finalmente un golpe. Pisadas. Alguien mas habia saltado, alguien mas habia tenido un aterrizaje no del todo bienvenido. Intento escuchar mas, pero no pudo dar con su rastro. Suficiente información; se incorporo agil y silencioso, y pegando su espalda al costado de la puerta la abrio con el gesto de una suave brisa juguetona, las viejas bisagras emitieron un chirrido no del todo molesto, ojeo el corredor antes de internarse en las galerias, pasillo tras pasillo, hasta refugiarse detras de un tosco barandal de madera, a solo pasos de un penoso bucanero. Por un segundo considero utilizar el viejo truco de la piel de cordero, pero no era el lugar apropiado, la tripulación probablemente habria de conocerse rostro por rostro. Pacientemetne espero a poder esquivar el rumbo de la silueta, y dio con los presuntos calabozos inferiores, mas que suficientes para pasar desapercibido, se hizo de una de las numerosas copias de las llaves de las celdas que colgaban cercanas a la puerta y se encerró en la celda mas lejana que pudiera encontrar, mas no estaba alli solo. Tres otros prisioneros se repartian en tres de las 8 celduchas restantes; El primero, un enorme golem de apariencia estupida pero increiblemente introspectiva y una protuberante joroba musculosa, como un armadillo enroscado, sostenia entre sus manos un pequeño muñeco de madera, a este, le contemplaba como si fuera su unica razon de ser, como si contemplara todos sus sueños y esperanzas materializados. El segundo dormia contra el suelo, cubierto por una especie de poncho o tapado, con una paz envidiable y poco esperable de un convicto de mala muerte en un lugar como ese. Finalmente, el tercero, se movia lentamente en la oscuridad, en una celda mas lejana que las otras, por un segundo, habria jurado que no se trataba de un hombre, sino mas bien de una silueta femenina, la que parecia repetir una misma rutina de movimientos pautados, que se debatian entre un cierto vuelo y un patron tosco que denotaba un manejo intranquilo de su arte, como tantas veces, no puedo evitar el comentario aunque sabia de que su entrada a las mazmorras no habia despertado la atencion de ninguno de sus tres ocupantes, cada uno de ellos perdidos en sus propios mundos.

-Ey!, tu, esa forma no esta nada, pero nada bien. Deberias tranquilizarte.

El "Ey" habia sido lo suficiente para despertar en la silueta un sobresalto inesperado. Ahora la figura le miraba fijamente entre un pareja de barras de hierro.

-Y supongo que tu lo harias mejor- Replicó.

No pudo evitar sonreir socarronamente mientras sarandeaba su cabeza hacia los dados,.- Por supuesto, esa forma, despues de todo, cada paso, cada giro, son originalmente, mios.

Y mientras la silueta fruncia el entrecejo perpleja ante la supuesta locura del extraño, la puerta de la mazmorra se abrio suave pero rapidamente y un joven entro de un sobresalto nervioso y respirando en silencio observo a los 4 locos encerrados frente a sus ojos, rezando por que a ninguno de los cuatro se les ocurriera levantar la voz en cuando a tal desubicada irrupcion. A todo esto el protuberante golem pensaba mirando a su muñeco, que pocas veces en su vida habia conocido tal euforia, por entrar a un calabozo, si no era la primera vez, que veia a gente entrando a voluntad, como si realmente hubiera algo allí que les sirviera de algo. Un pensamiento absurdo cruzo su mente y escondio al muñeco detras de si. No fuera que hubieran venido por el.

lunes, 18 de julio de 2011

Ausencias,.(II)


Siempre falto algo, falto el pan, falto el techo, falto el cariño correspondido el abrigo, el alivio, el descanso, etceteras. Hasta la bienvenida le habia faltado!, descuidado y abandonado entre puestos improvisados en el mercado común, criado por O'haihas poco dadivosos, que no se harían de la molestia de cuidar un crio mas que para poder utilizarlo en sus mandados y pequeños complots de mafia de poca monta, venganzas penosamente organizadas y atribuladas circulaciones de favores. Poco le habia tomado darse cuenta en aquella pequeña ciudad portuaria, que su suerte habia sido escasa, que nada venia regalado, y que debía ganarse con la cabeza y las zarpas aquello que la vida no se decidia a pasarle por las buenas. Aquel dia habia quedado perplejo, pues en su caceria habitual, ahora que habia dejado de lado su vida de enano engrupido y abusado, por primera vez despues de 13 años de ladrón (y buen ladrón que se sentía y que era en la humilde opinion de este narrador.) se le habia dado el sacudón mas abrupto de su vida. ¡Que humillacion! Se habia visto detenido, derribado, inmobilizado y amenazado en el mismo segundo. Tal habia sido la decepcion que sentia de si mismo que furibundo habia devuelto agresivamente su presa repleta de monedas de oro a su portador, no la merecia, estaba vivo por pura piedad.

Y asi paso la tarde, absolutamente inmerso en su perplejidad, arrastrando el orgullo por las calles adoquinadas de Zazlha, repitiendo la peligrosa escena una y otra vez en su mente, hasta que ya pocas posibilidades le quedaban a su magullado ego, que asegurarse que algo asi no volveria a pasar. A la hora habia reubicado a su presa, y se aseguraria de no perderle el rastro hasta que no solo hubiera aprendido que poderosa fuerza habia destruido su delicada tecnica en segundos, sino que ademas hubiera recuperado el saco de cuero que tanto habia deseado, con cada una de las monedas de oro que indignadamente habia devuelto aquella tarde.

viernes, 15 de julio de 2011

Daumasité

Sulfuro, aun hoy me pregunto que aroma tendrá, pero bien recuerdo distintivamente que la palabra se me cruzo por la mente al final de la colina, donde la soleada planicie llegaba a su fin y mi horizonta se habia vuelto azulado, detras del inmenso puerto. Recuerdo haber ajustado las pocas cosas que cargaba a mi cuerpo, por miedo a perderlas entre el gentío; las ciudades grandes no son una mala oportunidad para los oportunistas y los ladrones, e inclusive en mi inexperiencia en ese entonces, yo era conciente de ello. Recuerdo ademas haberme adentrado entre las anchas calles con una profunda atención, en vez de dejarme adormecer por los diferentes sonidos y la calida multitud, afile el oido y mi conciencia atravesó los muros y ventanas en un corto radio, dialogos inconexos llegaban a mí, discusiones lejanas, suaves murmullos, el manoseo de la mercaderia en los puestos que ahora me rodeaban a lo largo de la amplia callejuela, voces chistosas, mercantes pregonando, adivinos, estafadores, payasos, musicos, y el ruido del viento agitando la miríada de oramentos estrafalarios que los puestos de los O'haihas venden en cada ciudad que se dignan a descansar, con sus pequeñas contrapciones musicales, tubos de cobre, silbatos de papel, organillos de latón y pequeños artefactos magicos menores pero excepcionalmente bien afinados, todo aquello armando un revuelo de pequeños y leves sonidos que envolvian al callejón en una violenta nube de informacion, y entre cada sonido, un paso, un paso rapido, un dos, un dos, detras del tercer puesto, por mi derecha, acercandose.

Es curioso como un novato suele arriesgarse a tal nivel, en especial considerando que una fusta golpeteando contra su pierna y una daga atada a su tobillo (por cierto, mal asegurada, caso contrario no podria escucharla) no califican como una buena defensa en situaciones inseguras. Un paso al costado sobre el contratiempo justo, el reves de un talon bien puesto y el codo entre sus homoplatos, es inevitable la caida, la maldición abrupta y la clasica mirada de odio mientras resignado se evita la molesta de fallar al estupido intento de escapar a la fuerza de tu pie sobre su cuerpo al ver el filo de tu machete habilmente enfrentado a su rostro.

Pero no serviria de nada, o mas bien, nunca me ha servido de mucho hasta ahora e intento obrar por experiencia, por mas vano que sea dicho intento. Levanto el pie y me aparto de su cuerpito quejoso. La gente no presta atención, ya es costumbre, esto sucede 6 o 7 veces al dia, mas aun aqui, en estas galerias tan aturdidoras. Sus ojos pardos me acestan un aguijon cargado de la ira de la derrota mientras se incorpora abatido. Sin embargo su postura es digna, no volverá a intentarlo. Y mientras se aleja derrotado atajo bruscamente el pequeño saco de dinero que habia tan cuidadosamente asegurado a mi cuerpo. Y es entonces cuando me siento sorprendido, en mi plena atención, escuche cada uno de sus pasos, su respiracion, su movimiento, pero en cuanto a este detalle, me encontraba totalmente derrotado, sencillamente no le habia oido.

E indignado intento volver a asegurar la bolsa contra mi cinturon dos veces mas fuerte que antes, antes de doblar por los muelles y sentarme a mirar el oceano. Dos años muriendome de sed y ahora esto, sencillamente alguien deberia repartir mejor este vasto, entero y eterno sucedaneo de vida. Hay demasiados del otro lado batiendose en guerras por un pequeño cumulo de esto que aqui se siente tan obvio. Y luego de unas horas se incorporó al ver pasar una modesta pero delgada y veloz barca pesquera y salto sin verguenza hacia su estribor, sosteniendose del borde de la cubierta hasta poder hacer uso de sus pies para colarse entre las rendijas que traia dispuesta la embarcacion para hacer uso de sus redes. Nadie en la bodega, y nada que escuchar.

lunes, 11 de julio de 2011

Ironias,

Dos veces ya dije al aire, creo que sin la ironia, me despedazaria por completo,
probablemente nunca haya tenido tanta razon, pero encuentro dificil que llegue el dia en el que alguien consiga despojarme de un atajo tan comodo, una respuesta tan poderosa, tan buen recurso. El tiempo muere si se extasia durante demasiado tiempo entre tales acotaciones, le son agresivas, mordaces, violentas(no solo a el), pues no hay nadie que ante la ironia no encuentre un revuelco de ilusiones, una parvada de orgullos cayendo en picada, una feroz aplanadora dispuesta a caer furiosa sobre sus mas trascendentes premisas existenciales.

No es sin embargo de la funcion agresiva de la ironía sin embargo sobre la que me interesa navegar, sino más aun, sobre la ironía como escudo, como defensa, como un velo compuesto de una niebla tal, que hasta la peor tragedia puede volverse una ofrenda a la existencia. Hablo de la ironia cuando funciona como destructora de la realidad, reduciendola en su todo al uno indivisible de la risa, dejandola desestructurada en el suelo, para recomponerla a gusto, para volverla una novela. Si, a ella, a la más confusa y desagradecida realidad que puedas imaginar, a ella, puede devastarla, puede arrasar sus campos de injusticia como una plaga de cuervos hambrientos, destronarla de su opulento asiento de permanencia ancestral, despellejar su cuantioso busto de imposicion inevitable y acabar con el abismal vacio que separa aquello que queremos ser, de lo que somos, ese imposible que decidimos llamar suceso, aquel que esperamos como zorros, para robarnos unos dias de efimera felicidad. (do we seize the day o must the day seize us?) Cual es el genero del destino? Y por que se guarda tan recelado a veces, de nuestro rumbo inevitable ?